El transporte internacional de cargas vuelve a moverse sobre terreno inestable. No se trata solo de un encarecimiento más del petróleo, sino de un fenómeno más específico y más peligroso para la cadena logística: el diésel, el combustible que mueve camiones, barcos y buena parte del comercio mundial, se está encareciendo por razones propias, desacopladas del crudo. Un informe reciente de la IRU (Unión Internacional del Transporte por Carretera) pone números a esta tendencia y advierte que el respiro de los meses anteriores llegó a su fin.
Un mercado que cambió de humor en dos semanas
Hasta hace poco, varios gobiernos empezaban a desmontar los alivios fiscales que habían sostenido a flote al sector durante la crisis previa. Esa calma duró poco. La reaparición de incidentes en el estrecho de Ormuz, sumada a la salida abrupta de Rusia como proveedor de diésel a los mercados internacionales, volvió a tensar un equilibrio que ya era frágil de por sí. En cuestión de semanas, el escenario pasó de una normalización tentativa a una nueva ronda de incertidumbre.
Cierre del Estrecho de Ormuz
El corredor marítimo por el que circula una porción decisiva del petróleo y los derivados que consume el planeta volvió a funcionar por debajo de su capacidad habitual. La interrupción del tránsito de buques petroleros por esa vía no solo afecta el flujo de crudo: golpea de manera directa las exportaciones de combustibles refinados que salen del Golfo Pérsico, hoy muy por debajo de los volúmenes previos al conflicto en la región.
Esa caída no es un dato aislado. Se combina con otro golpe casi simultáneo: los envíos de diésel desde Rusia se redujeron a la mitad respecto de junio, luego de que Moscú restringiera sus exportaciones. El resultado es un mercado que perdió, casi al mismo tiempo, dos de sus principales fuentes de abastecimiento de combustibles refinados.
A esto se suma una tendencia que viene de arrastre: las reservas de petróleo en tierra de los países de la OCDE continúan cayendo, en un contexto donde el consumo mundial supera a la producción. La brecha se cubre, por ahora, tirando de los inventarios existentes, algo que tiene un límite. Tanto la Agencia Internacional de la Energía como la OPEP (que no coinciden en sus proyecciones de demanda) comparten un mismo diagnóstico de fondo: el mercado sigue siendo vulnerable, y buena parte de su estabilidad futura depende de que el tránsito por Ormuz se normalice y de que vuelva a fluir una oferta suficiente de combustibles refinados.
La fecha que todos observan es el 31 de julio, límite hasta el cual regiría la prohibición rusa sobre las exportaciones de diésel. Que Moscú decida extenderla o levantarla, junto con lo que ocurra en el estrecho, será determinante para saber si la presión sobre los precios se profundiza o empieza a ceder en las próximas semanas.
Precio actual del diésel
El impacto de este cóctel ya se nota en los surtidores de buena parte del mundo. En la Unión Europea, el litro de diésel promedia actualmente 1,929 euros, una suba del 7% en apenas dos semanas y de 18% frente a los valores previos al estallido del conflicto en Medio Oriente. Ocho países del bloque ya superan la barrera de los dos euros por litro, un umbral que hasta hace poco parecía excepcional y que hoy empieza a volverse habitual en varios mercados.
En Estados Unidos, el diésel minorista acumula un alza del 31% desde finales de febrero, un salto considerable que ya presiona los costos operativos del transporte por carretera. El contraste aparece en mercados como China, India y Brasil, donde los aumentos fueron mucho más moderados: allí, los mecanismos de control de precios y una mayor capacidad de refinación local funcionaron como amortiguador frente a la volatilidad internacional.
Un dato llamativo del informe es el comportamiento de las refinerías europeas, que empezaron a priorizar la producción de diésel por sobre el combustible para aviación, atraídas por márgenes de refinación en sus niveles más altos de los últimos meses. Es una respuesta racional a corto plazo, pero riesgosa: si el suministro de petróleo vuelve a deteriorarse en agosto, esa estrategia podría quedar corta y generar nuevos cuellos de botella.
Gobiernos divididos frente a la suba
La respuesta de política pública también se volvió heterogénea. República Checa, Italia, Alemania y Polonia dejaron caer las reducciones impositivas o los topes a los márgenes de comercialización que habían sostenido durante la crisis anterior, apostando a que el mercado se estabilizara por sí solo. Del otro lado, Grecia, Serbia, Irlanda, Portugal y España eligieron el camino inverso: mantener o incluso ampliar subsidios, rebajas impositivas y compensaciones puntuales para el transporte de cargas, previendo que la calma iba a ser transitoria.
La foto en América Latina
En la región Latinoamericana, Brasil registra un incremento cercano al 10% en el precio del diésel desde febrero, muy por debajo de los saltos observados en Europa y Estados Unidos, gracias a su refinación local y a herramientas de intervención sobre los precios internos.
La incógnita de las próximas semanas
Con Ormuz todavía inestable y la decisión rusa sobre sus exportaciones pendiente de definición, el sector logístico global vuelve a moverse con la incertidumbre como compañera habitual. El diésel, más que el petróleo, se perfila como la variable a seguir de cerca: de su disponibilidad y su precio dependerá buena parte de la planificación de las cadenas de suministro internacionales durante el resto del año.


