Comercio de Cuba en la mira: Por qué México no puede ignorar la apertura económica de la isla

El gobierno cubano acaba de anunciar las reformas más significativas de las últimas décadas. Para las empresas mexicanas de logística y comercio exterior, esto no es solo una noticia geopolítica: es una señal de negocios que vale la pena descifrar antes que la competencia.

Cuba y México: una relación comercial con mucho más potencial del que parece

Hay una imagen que resume bien la situación actual entre México y Cuba: la de un vecino que durante años mantuvo la puerta entornada y que ahora, presionado por la necesidad, la ha abierto un poco más. No de par en par. No todavía. Pero lo suficiente como para que quienes se asoman al otro lado puedan ver oportunidades concretas en sectores que van desde los alimentos hasta la energía solar, pasando por la logística de última milla.

Las medidas económicas que el gobierno cubano presentó durante la tercera sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular no representan el fin del socialismo en la isla ni el inicio de una economía de mercado plena. Los especialistas son claros en ese punto. Lo que sí representan es una señal inequívoca de que el modelo económico cerrado que ha definido a Cuba durante décadas ha llegado a un punto de quiebre operativo: apagones que se extienden hasta 20 horas, desabasto de alimentos básicos, escasez de combustible y una presión social que ya no puede ignorarse.

En ese contexto, las reformas buscan algo muy concreto: abrir espacio a los actores privados y al capital extranjero para que hagan lo que el Estado no ha podido garantizar por sí solo. Y aquí es donde la historia deja de ser solo política y empieza a tener implicaciones muy directas para el sector empresarial mexicano.

Mariana Alonso, especialista en comercio internacional y directora comercial de Praxis Logística, lo pone en términos directos: Cuba tiene una urgencia real en materia de abastecimiento. Insumos agroindustriales, consolidación de carga, soluciones de movilidad eléctrica, refacciones, tecnología y servicios de última milla son algunas de las necesidades más apremiantes que la isla difícilmente podrá satisfacer sola. Y México, por razones de proximidad geográfica, capacidad exportadora y experiencia logística, está en una posición privilegiada para responder a esa demanda.

Lo que hace esta oportunidad más concreta de lo que parece a primera vista son los números. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en 2025 las exportaciones mexicanas hacia Cuba alcanzaron los 699 millones de dólares, mientras que las importaciones provenientes de la isla apenas superaron los 13 millones. El resultado es un superávit comercial de 686 millones de dólares a favor de México, una balanza que ya habla de una relación económica consolidada, aunque todavía muy por debajo de su potencial.

La pregunta no es si hay mercado. La pregunta es si las empresas mexicanas están listas para operar en él con la estrategia correcta.

Cuba: cuando la crisis se convierte en catalizador

Para entender por qué las reformas cubanas importan ahora más que en cualquier otro momento reciente, hay que mirar la magnitud de lo que está ocurriendo dentro de la isla. No se trata de ajustes menores ni de una corrección de curso moderada. Cuba atraviesa una de sus crisis más profundas en décadas: cortes de electricidad que paralizan la vida cotidiana, protestas en distintos puntos del país, presión internacional creciente y un sistema de abastecimiento que ha dejado de funcionar de manera confiable para millones de personas.

Javier Cendejas, presidente de Comce Noreste, señala que el caso cubano es en sí mismo una lección sobre qué ocurre cuando una economía carece de los elementos básicos para sostener el flujo de mercancías: infraestructura funcional, energía estable, certidumbre económica y actividad marítima. Sin esos pilares, ninguna reforma puede materializarse en resultados tangibles para la población. Y precisamente porque esos pilares faltan, la ventana para la inversión y el comercio exterior se abre.

Cuando una economía presionada decide flexibilizar sus condiciones para la participación privada y extranjera, la logística deja de ser un servicio de apoyo para convertirse en una condición de posibilidad. No puede haber reforma económica efectiva sin cadenas de suministro que funcionen. No puede haber abastecimiento sin operadores capaces de mover, consolidar, documentar y entregar mercancías de manera confiable. En ese sentido, las necesidades de Cuba no son solo comerciales: son sistémicas.

Los sectores con mayor potencial de crecimiento van más allá de los bienes básicos. Alimentos y productos de consumo son los más evidentes, pero también hay espacio para equipos de eficiencia energética, paneles solares, baterías, materiales para la industria turística y hotelera, tecnología y servicios especializados. Cendejas agrega educación y materiales de construcción como áreas donde México tiene una oferta sólida y probada.

Para las empresas logísticas, la oportunidad tiene una dimensión adicional: Cuba necesita no solo productos, sino la arquitectura operativa que permita que esos productos lleguen. Agentes de carga, integradores, operadores de última milla, especialistas en coordinación documental y trazabilidad, empresas capaces de ofrecer soluciones puerta a puerta en un mercado complejo: todos ellos tendrían un lugar en el mapa si la apertura avanza con consistencia.

Pero la cautela es indispensable. Alonso advierte que Cuba sigue siendo un mercado que requiere revisar autorizaciones estatales, entender cómo funcionará el tipo de cambio en un contexto de dolarización parcial y evaluar con cuidado los mecanismos de pago disponibles. El proceso de dolarización que acompaña a las reformas agrega una capa de complejidad que no puede subestimarse. Ninguna empresa debería entrar a este mercado sin una estrategia clara, socios locales verificados, seguros adecuados y un entendimiento sólido del marco regulatorio vigente y sus posibles cambios.

Comercio exterior de Cuba: el mapa de riesgos y oportunidades

El comercio exterior de Cuba tiene características que lo distinguen de cualquier otro mercado de la región, y conocerlas no es opcional para quien quiera operar en él con éxito. La isla no es un mercado de libre acceso. Sus importaciones están mediadas por el Estado, sus mecanismos de pago son atípicos frente a los estándares internacionales, y su sistema aduanero y regulatorio tiene particularidades que pueden representar obstáculos significativos para empresas sin experiencia en el mercado.

A esto se suma el factor geopolítico más relevante del momento: la administración del presidente estadounidense Donald Trump ha endurecido las restricciones financieras y energéticas sobre Cuba, limitando su acceso al sistema bancario internacional y aumentando la presión sobre el conglomerado estatal GAESA, que controla una parte importante de la economía cubana. Para las empresas mexicanas, esto no es un dato menor. Cualquier operación comercial con Cuba que tenga exposición al sistema financiero internacional debe evaluar con cuidado el riesgo de fricciones con las regulaciones estadounidenses.

Cendejas es directo al respecto: la certeza jurídica y financiera es la variable central para cualquier empresa que considere operar en Cuba. Eso incluye certeza fiscal, aduanera y contractual, pero también la seguridad de que los pagos llegarán en tiempo y forma. La logística, en su sentido más amplio, no es solo movimiento de mercancías: también es flujo de dinero. Y en Cuba, ese flujo sigue siendo incierto.

La relación México-Estados Unidos añade otra dimensión a la ecuación. México mantiene con Estados Unidos una relación comercial que es, por mucho, la más importante del país. Cualquier acercamiento significativo con Cuba tendrá que manejarse con una diplomacia comercial cuidadosa, que deje claro que la cooperación con la isla no compromete los acuerdos y compromisos que México tiene con su principal socio. Alonso señala que eso no significa renunciar a las oportunidades, sino dimensionarlas correctamente y construir una estrategia que sea sostenible en el tiempo.

Lo que resulta evidente, más allá de los riesgos, es que el comercio exterior de Cuba está en un punto de inflexión. Si las reformas anunciadas por la Asamblea Nacional avanzan con consistencia, si la participación privada y la inversión extranjera encuentran condiciones mínimas de viabilidad, y si la presión internacional no cierra por completo las vías de financiamiento, el mapa comercial del Caribe podría reconfigurarse de manera significativa en los próximos años.

México no tiene garantizado un lugar en esa reconfiguración. Pero tiene las condiciones para ganárselo: proximidad geográfica, conectividad marítima, experiencia exportadora en sectores clave y una relación bilateral con Cuba que ya tiene una base sólida. Lo que falta no es capacidad. Lo que falta es estrategia, información y la disposición de operar con paciencia en un mercado que no entregará sus resultados de manera inmediata.

La puerta no está abierta de par en par. Pero está más abierta que antes. Y en logística, como en cualquier otro negocio, el momento de prepararse no es cuando todos ya entraron. Es ahora.

Maria Saucedo
Maria Saucedo
María es una periodista experimentada que combina su formación en letras con una visión estratégica de la logística, creando contenido inspirador e informativo para nuestro blog.

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