Comercio exterior en México: ¿qué camino tomaremos?

El Acuerdo entre los Estados Unidos, México y Canadá (T-MEC) entró en vigor el 1 de julio de 2020 y reemplazó el Tratado de Libre Comercio de América el Norte (TLCAN) para apoyar el comercio mutuamente benéfico. De esta manera, creamos mercados más libres y justos que generarán un crecimiento sólido en la región. Sin embargo, distintos temas como la competencia en el sector energético, los alimentos genéticamente modificados, las medidas en la importación de aluminio y acero y las posibles restricciones y sanciones generan mucha incertidumbre. El panorama es complejo: hay que ajustarse o enfrentar represalias.

La conjetura actual permite imaginar nuevos escenarios: la guerra en Ucrania y la pandemia por COVID-19 obligan a las naciones a buscar mayor autonomía y menos dependencia en Rusia y China para mantener la estabilidad. Esto coloca a México en un lugar privilegiado, tanto por su posición geográfica como por el hecho de que la manufactura mexicana sea una de las más competitivas a nivel global. El país se encuentra en un momento crucial: consolidarse como un aliado productor de diferentes empresas internacionales vital. Es un reto, sí, pero significaría un crecimiento económico muy importante para México.

Hablamos constantemente del efecto shoring: la guerra comercial entre China y Estados Unidos impulsó al nearshoring como una opción muy víable en la relocación de espacios de producción para empresas estadounidenses. Por diferentes razones, México es una excelente locación: su cercanía y los diferentes tratados que unen a la región lo convierten en el mejor socio para nuestros vecinos del norte. El proceso se aceleró por la pandemia: la oportunidad de que México sea central en esta reubicación de procesos productivos es única.  Para aprovecharla es necesario invertir en la infraestructura y en la modernización de equipo para reforzar el sector de producción. Hay que prepararse para los grandes cambios y así ganar terreno en la relocalización de empresas: aumentar nuestra capacidad eléctrica, de mano de obra y de infraestructura es un primer paso para poder avanzar en este tema.

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