Guerra Irán-Estados Unidos
Todo empezó, como suelen empezar las guerras, mientras se negociaba la paz.
El 28 de febrero de 2026, las aviaciones de Estados Unidos e Israel lanzaron una serie de bombardeos por sorpresa sobre varias ciudades de Irán, precisamente mientras se desarrollaban negociaciones diplomáticas entre Washington y Teherán. La ironía del momento no se le escapó a nadie.
El detonador fue una combinación de presión israelí y desconfianza nuclear. Netanyahu presentó a Trump cuatro argumentos a favor de atacar Irán: destruir sus misiles balísticos, aprovechar su debilidad para cerrar Ormuz, provocar una revolución interna y activar una invasión terrestre kurda desde Irak. El cálculo falló en al menos un punto crucial: Irán sí cerró Ormuz, y las consecuencias fueron inmediatas y globales.
La respuesta iraní no tardó. Teherán lanzó misiles y drones contra Israel y bases militares estadounidenses en Baréin, Kuwait, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Jordania e Irak, e impuso un cierre selectivo del estrecho de Ormuz. El 2 de marzo la guerra se extendió al Líbano, donde se reactivó el conflicto entre Hezbolá e Israel.
El golpe económico fue contundente. Cientos de barcos y unos 20,000 marineros quedaron atrapados en el Golfo. El precio de la gasolina en Estados Unidos aumentó un 49.3% desde el inicio del conflicto. Durante semanas, Trump descartó cualquier negociación. Sin embargo, la presión económica interna y la complejidad del frente iraní fueron cambiando el cálculo de la Casa Blanca, hasta que el acuerdo se volvió inevitable.
El cierre del Estrecho de Ormuz
Pocas vías marítimas concentran tanto poder. Un pasillo de apenas 33 kilómetros, encajado entre Irán y Omán, por el que transita una quinta parte del petróleo y gas natural licuado que consume el mundo cada día. Cerrarlo no fue solo un movimiento militar: fue un torpedo al corazón de la economía global.
El cierre disparó los precios del crudo con picos que rozaron los 130 dólares el barril. Teherán sembró minas marinas en el Golfo, y numerosos buques permanecieron anclados esperando paso. Más de 500 embarcaciones quedaron a la espera de poder atravesar la zona en condiciones seguras.
El acuerdo sobre el estrecho fue el primer gran nudo que hubo que desatar. Según el memorando, Irán garantizará el paso seguro y sin costo alguno de los buques comerciales durante 60 días, desde el Golfo Pérsico hasta el mar de Omán y viceversa, con una desminización completa en 30 días.
Sin embargo, Irán dejó claro que no regresaría al status quo previo. Teherán incorporó al texto una disposición vinculada al cobro de tarifas por el uso del estrecho, en una cláusula de último momento que generó controversia internacional. El jefe negociador iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, aseguró que las condiciones en este corredor “nunca volverán a ser las mismas” que antes de la guerra.
Los números más recientes son alentadores. Durante la guerra, cruzaban el estrecho diariamente menos de 10 buques en promedio. Desde el 15 de junio, la media subió a 21, e incluso a 27 en los últimos cinco días. El lunes 22 de junio, al menos 35 buques con materias primas atravesaron el estrecho, un número récord.
Los otros puntos clave del memorando
El acuerdo va mucho más allá de Ormuz. El texto de 14 párrafos, firmado por Trump durante la cumbre del G7 en Versalles y por el presidente iraní Masoud Pezeshkian, establece:
Alto el fuego total e inmediato. Cese de las hostilidades en todos los frentes, incluido el Líbano, comprometiendo a las partes a no emprender ninguna acción hostil entre sí.
Un fondo de reconstrucción de 300,000 millones de dólares. Estados Unidos se compromete, junto con socios regionales, a crear ese fondo para la reconstrucción y el desarrollo económico de Irán. Funcionarios aclararon que Washington no aportará dinero directamente.
Levantamiento de sanciones. Estados Unidos se compromete a poner fin a todo tipo de sanciones contra Irán, conforme a un calendario que deberá acordarse. Como adelanto, Washington anunció la suspensión temporal de las sanciones al petróleo iraní hasta el 21 de agosto.
Irán sin armas nucleares. Ambas partes acuerdan que Irán nunca poseerá armas nucleares y trabajarán para eliminar el material enriquecido bajo supervisión del OIEA.
60 días para el acuerdo definitivo. Irán confirmó la creación de cuatro grupos de trabajo para abordar sanciones, actividades nucleares, reconstrucción económica y mecanismos de seguimiento. Lo que queda pendiente es igualmente significativo: el destino del uranio altamente enriquecido, el desmantelamiento de centrifugadoras avanzadas y el régimen de inspecciones permanecen sin resolver.
El acuerdo tiene un reloj corriendo. En 60 días (prorrogables) se sabrá si este memorando fue el primer capítulo de una paz duradera, o apenas el intervalo entre dos tormentas.


